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La Robla ya no roza el cielo: adiós a la última chimenea de la vieja térmica

El derribo de la chimenea de humos del Grupo I de la central térmica cambia por completo el 'skyline' de la localidad leonesa dentro del proceso de desmantelamiento de su pasado industial.

compañía Naturgy voladura chimenea Grupo central térmica La Robla
La compañía Naturgy lleva a cabo la voladura de la chimenea del Grupo I de la central térmica de La Robla. / Peio García / ICAL
Miriam Badiola / ICAL | 24/08/2022 - 16:51h.

A las 15.24 horas una sirena audible más allá de los 250 metros de perímetro de seguridad establecidos dieron la "falsa alarma" y todos los asistentes levantaron sus teléfonos móviles; no querían perderse el derribo. La segunda sirena sonó a las 15.29 y, justo un minuto después, el silencio imperante en la zona se rompió con un gran estruendo: ahora sí era la dinamita. En doce segundos y de una sola pieza, la chimenea de humos del Grupo I de la central térmica de La Robla, perteneciente a la compañía Naturgy, cayó al suelo y el polvo resultante tapó el paisaje.

Doce segundos en los que tardaron en tocar el suelo las 2.500 toneladas que conformaban la chimenea, de 120 metros de altura y un diámetro a nivel de suelo de 8,5 metros. Así, en doce segundos, La Robla perdió todos los iconos de la central que parecían rozar el cielo, después de que el pasado 28 de julio se derribara la chimenea de humos perteneciente al Grupo II, de 200 metros de altura.

Unos meses antes, concretamente el 6 de mayo, también se volaron la dos torres de refrigeración de la instalación, con un volumen conjunto de unos 220.000 metros cuadrados y un peso de más de 9.000 toneladas cada una, que fueron derrumbadas en tan solo cinco segundos.

La destrucción de los elementos más representativos de la central térmica de La Robla, no exenta de polémica para los vecinos de la zona que lamentan perder "sus emblemas", supone el avance del proyecto de desmantelamiento de la central térmica iniciado hace un año con un presupuesto total de 12,9 millones de euros y cuyas tareas se habían centrado hasta el momento de detonación de las torres de refrigeración en el achatarramiento de equipos tras la desaparición de las cintas transportadoras de carbón y el desguace de turbinas, alternadores y transformadores.

El "gran apagón"

"Fue como un gran apagón, así empezó su final". Con estas palabras, un vecino de Llanos de Alba, localidad leonesa perteneciente al término municipal de La Robla, narra cómo comenzó, poco a poco, a desparecer el pasado industrial del pueblo situado en pleno corazón de la montaña central. "Lo primero fue el apagado de las luces de los grupos, ahí supimos que había desaparecido para siempre", comenta mientras espera a que se derrumbe la última chimenea que queda en pie.

"Desde mi casa lo veía siempre tan iluminado que de repente era como si faltara algo", tal y como después ocurrió con las dos torres de refrigeración y, posteriormente, con la chimenea de humos del Grupo II.

A su lado, una vecina de La Robla, coincide con él y recuerda que "cuando íbamos al instituto, la sirena de cambio de turno de la térmica marcaba el final de las clases; sonaba y nos íbamos a comer". Residente en un barrio roblano a unos metros de la entrada a la central, también señala cómo "el sonido de la alarma de madrugada cuando pasaba algo o la salida de humos a deshora" le provocó "varias noches en vela".

"Hasta en los cristales se notaba que estaba viva la central térmica", apostilla una señora de avanzada edad, quien explica que "por más que los limpiara, siempre estaban más sucios que los que daban para otra parte de La Robla" e incluso que "a veces parecía que llovía en esa mitad del pueblo, pero era vapor de agua".

Una joven también presente en el derribo de la última chimenea de la central térmica explica que se mudó con sus padres a la localidad leonesa hace exactamente 21 años, cuando ella tenía ocho, y comenta, entre risas, que su mayor preocupación era "qué pasaba si un día se caían esas torres". Ahora, en primera persona, ha podido comprobar qué ocurre. "Es extraño, a veces cuando vengo a casa paso por delante a medida que bajo El Rabizo y no me doy cuenta de que faltan las torres de refrigeración ni la chimenea", señala, del mismo modo que lamenta que "el espectáculo que todo el mundo ha querido presenciar en los últimos meses no supone más que una pérdida económica y de oportunidades para el municipio".

Nuevos proyectos

Una vez que se produzca el desmantelamiento completo de las instalaciones de la central térmica, Naturgy está comprometida en sacar nuevos proyectos adelante. Así, el lugar en el que todavía se encuentra la parte aún en pie de la central térmica de La Robla, fundamentalmente los cuerpos de los dos grupos, es el mismo en el que Naturgy y Enagás pretenden construir la planta de hidrógeno verde más grande de toda España.

El proyecto, que requiere de una inversión cercana a los 200 millones de euros, contempla la construcción de una planta fotovoltaica de 400 megavatios y un electrolizador de hasta 60 megavatios que permitiría producir hasta aproximadamente 9.000 toneladas al año de hidrógeno renovable que sería utilizado para cubrir consumo local, inyección a red gasista y posibilitar una futura exportación hacia el noroeste de Europa.

Medio siglo de actividad

Construida en el año 1970, la central térmica de La Robla fue un proyecto conjunto acometido desde el año 1965 por Hidroeléctrica de Moncabril, Hullera Vasco Leonesa, Endesa y Unión Eléctrica Madrileña. A primeros del mes de septiembre de 1971 se conectó a la red el Grupo 1, con una potencia nominal de 270 megavatios, mientras que el Grupo 2, con una potencia de 350 megavatios, comenzó a funcionar en noviembre de 1984.

Sin embargo, en febrero de 2020, 50 años después, fue la última vez que la central fue requerida por el operador del sistema eléctrico para generar energía debido a que España se encontraba en máximos de punta de consumo del entorno de 40.000 megavatios.

Naturgy registró el día 20 de diciembre de 2018 la solicitud de cierre de los dos grupos de la central térmica de La Robla, a pesar de haber apostado en un principio por sumir en ella las inversiones en desnitrificación y desulfuración necesarias para cumplir las exigencias de la directiva europea sobre emisiones para poder seguir en funcionamiento durante varios años.

El 28 de abril de 2020 la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia publicara publicó los informes sobre el cierre de las centrales térmicas leonesas de Compostilla II y La Robla y, después, poco más pudo hacerse. Así, un par de meses después, del 20 de junio, ambas centrales térmicas, a las que se sumó la de Velilla (Palencia), dejaron definitivamente de estar operativas después de que sus propietarias decidieran no llevar a cabo las mejoras medioambientales exigidas por Europa para poder continuar con su actividad.

Así, la desconexión definitiva de uno de los emblemas industriales de La Robla dejó en el aire un total de 120 puestos de trabajo, 80 de ellos directos y 40 indirectos a través de empresas auxiliares, como camioneros, seguridad y toda la industria de alrededor.

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